viernes, 22 de febrero de 2013

Volver a empezar

Érase una vez, una pequeña chica que a pesar de su juventud, encontró a su príncipe azul.
Al principio no lo veía como alguien especial, pero de repente, como si de magia se tratase, descubrió en él una gran oportunidad para ser feliz.

Al principio todo era perfecto... hasta que se percató de algo que la horrorizó. Descubrió que, lentamente, se estaba alejando de todos sus allegados y amigos y se estaba viendo con sólo una persona a su alrededor, su príncipe. Fue corriendo a decírselo, llorando y asombrada, pero él ni siquiera se inmutó. Él dudó si decirle la verdad o no... pero no tuvo mas remedio. Le contó el maleficio que su amor conllevaba, un embrujo que desde muy joven el príncipe recibió, el cuál consistía en que el corazón de la persona enamorada de él se vería infectado de una poderosa especie de veneno que la cegaba de amor y el príncipe se volvía la única persona importante en la vida de la enamorada. Ella, sorprendida y con mucho miedo, huyó llorando hacia las únicas personas que ella pensaba la podían ayudar, sus amigas.


Pero ya era tarde... habían pasado dos meses y sus amigas habían conseguido rehacer su vida sin ella, a pesar de todos los días que ellas le dijeron que la echaban de menos. Aún así, sus amigas la perdonaron y le dieron una segunda oportunidad.



A los pocos días, sentía un fuerte dolor en el corazón. Echaba de menos a su príncipe y no podía aguantar más. Era de noche y se había levantado de madrugada, pero le era indiferente. Cogió su abrigo y se perdió en la noche, en su búsqueda.



Volvió a reunirse con él y se fugaron juntos, lejos de allí para no sentir la tentación de volver, para poder estar siempre juntos, el uno con el otro. Vivieron como si de un matrimonio se tratara, viviendo el uno para el otro intensamente y consumando un amor que parecía tener una cuenta atrás próxima a terminar, amándose a contrarreloj. Todo ello la endureció, la cambió, la hizo ser parte de él...

Un buen día volvió a caer, volvió con sus amigas, las cuales la volvieron a perdonar y vivió en esa montaña rusa de huidas y venidas, en olvidos y disculpas, que sus amigas perdonaban ya que eran demasiado buenas como para darle la espalda para siempre... aunque en el fondo, ellas ya no sentían el mismo cariño por ella, pero ellas ya no podían más.






Pasó la noche, y a la mañana siguiente se percató de que su amado, no estaba a su lado. Lo buscó por todos sitios, pero no lo encontró. Entonces, se dió cuenta de que en su dedo corazón, tenía escrito "12 peldaños para la felicidad". Ella, extrañada se puso a pensar y en lo único que podía pensar era en las escaleras de la casa. Pensó "no puede ser tan fácil" pero aún así, fue corriendo. Se paró en el piso de arriba enfrente de estas y pensó "¿hacia arriba o hacia abajo?" pero la respuesta estaba clara, "siempre hacia arriba, siempre en aumento, siempre en positivo" contó hasta la escalera número 12 donde se dio cuenta de que había un corazón dibujado con 12 gominolas de corazón y se percató de que estaba medio abierto... "¿éste escalón tiene una trampilla?" pensó asombrada. Entonces lo abrió y...

Los sentimientos afloraron demasiado rápido, miles de lágrimas saltaron de sus ojos, allí estaba, tumbado boca arriba, su príncipe. Con sus dos manos posadas sobre la zona donde se encontraba su corazón, manchadas de sangre  encontró una herida mortal en el corazón. Leyó una carta que él había escrito "Prefiero tu felicidad a mi propia vida, pero has de saber que, la auténtica realidad, es que nunca a existido ningún maleficio, siempre has podido volver con tus amigas y ser feliz, lo dije porque sólo te quería para mí... pero eso sí, fue tu elección, tu las abandonaste y tu me quisiste, todo dependía de tí. Créeme, es mejor así, te quiero." Asombrada, en el fondo sabía que él tenía razón, que a pesar de que el hubiera sido un egoísta y las hubiera apartado de ellas, podría haber sido feliz con todo... pero en vez de eso, se volcó totalmente al amor, olvidando la felicidad y ahora debería olvidar el amor... volcándose en la felicidad.

Finalmente, volvió y fue feliz con sus amigas... a pesar de tener el corazón hecho trizas, pero poco a poco esa amistad lo supo arreglar y se dio cuenta, de que podría volver a amar. Pero debería acarrear para siempre consigo el lastre de que su corazón malherido y su egoísmo  su poca iniciativa, su cobardía y poco coraje habían asesinado a su gran amor.

Si la naturaleza siempre tiende al equilibrio, es porque es la única manera de mantener las cosas a un nivel perfecto y en sintonía, ya que al inclinar ligeramente la balanza, al final acaba volcada hacia el lado inclinado inicialmente...


Nadie dijo que los príncipes, fueran perfectos.