jueves, 4 de abril de 2013

¿Madurez? Poca

Nadie está echo de palabras, los echos son los que nos construyen.

¿De qué sirve hacerse de palabras si a lo largo del tiempo nos vamos a deshacer por nuestros echos? Si afirmamos algo, que se base en la verdad y en lo que nosotros somos.

La verdad es que ahora mismo me siento un poco engañado...
Siempre sucede de la misma manera: Llamada de atención, charla, buena cara pero a la larga uno se da cuenta de que no todo era como al principio. Que al cabo de un tiempo, si el amor no llega a cuajar, uno de los componentes pierde el interés por el otro, dándose cuenta de que no le llena y que necesita algo más o algo distinto, mostrándose menos entusiasmado... dando como resultado esos sentimientos oscuros que nos empujan hacia el borde del precipicio.

¿Existe la forma perfecta de empezar una relación? Creo que no. Bueno... creía.
Creo que para estar feliz con alguien y que el tiempo a su lado sea como un sueño hace falta seguir una especie de orden.
No sé porque se ha establecido éste patrón de me gustas físicamente, hablamos dos veces te pido salir y ya nos conocemos.

¿Por qué no empezar por el final?
Sería perfecto tener un buen amigo con el cual tengas cosas en común, puedas contar con él para todo y estar completamente agusto a su lado, siendo tal y como eres y diciendo cualquier cosa sin preocuparte de que te juzgue o de dudar con el ¿qué estará pensando de mí?
Sería perfecto que ese amigo se convirtiera en imprescindible y que, un día, charlando como cualquier otro vulgar día corriente, le miraras a los ojos y te dieras cuenta de que es el pilar que sostiene tu felicidad, que no paras de contar los segundos que te quedan para volver a verle y que le necesitas a tu lado, por siempre. Es ahí cuando te das cuenta de que tu corazón late a un ritmo frenético, mientras le sostienes la mirada con la cual estás analizando todo tu amor hacia el amigo que tienes enfrente de ti. Y, como movidos por una fuerza invisible, todo ese amor se ve demostrado con un largo, interminable y sensacional beso que nos hace perder la noción del tiempo y del espacio.

Eso, es amor. Eso, es la felicidad. Y solo eso... es compartir los sentimientos con una persona que ya conoces más que de sobra, que la quieres como a nadie y que, como él lo es para ti, tu eres un valioso tesoro al que hay que cuidar, querer y procurar que sea feliz...