jueves, 18 de abril de 2013

Dieciocho. 2

Indiferencia... Esa gran enemiga de mi suficiencia y amor propio.
No entiendo que ha sucedido...  Que le ha sucedido... Porqué todo ha cambiado tan de repente...
Simplemente, me encantaba estar con él a su lado haciendo lo que fuera. A pesar de esas inoportunas pero creo que típicas cuestiones mentales que amenazaban el bienestar, estaba muy feliz.
¿Y ahora? ¿Que pasa? ¿Que ha cambiado? Yo desde luego se que no...
Es obvio que no puedo ayudarte, no está en mi mano cambiar nada de la situación tan peliaguda en la que te encuentras... Pero no puedo quedarme de brazos cruzados ni tirar la toalla a la primera de cambio, hay que hacerle frente a las situaciones que se plantean. Lo único que puedo hacer es continuar, como he echo hasta hora, mostrándose apoyo, cariño, comprensión, un hombro en el que llorar, un amigo que sabes que no te va a juzgar... Alguien que va a intentar por todos los medios que seas feliz, aunque sea tan sólo durante 10 segundos con un abrazo o una caricia. Ante los problemas, es buena la soledad momentánea y limitada. Tú llevas encerrado desde hace más de dos semanas y cuando quiero entrar a la misma habitación que tu, me alejas cambiandote de sala o diciéndome que al intentarlo ejerzo más presión sobre ti...
Si necesitas apoyo, aquí me tienes, ya que lo más normal es apoyarse en la gente que se tiene alrededor y en la que uno confía. Lo único que he querido hacer desde que estas así es saber que te ocurre e intentar que te encuentres algo mejor... Pero no sólo rechazas el apoyo que te ofrezco si no que lo escupes diciendo que lo único que consigo así es agobiante... Mi pregunta ahora es: ¿que debo hacer? Porque nada en mi ha cambiado, mientras que tú lo que haces cada día es hacerme estar más seguro que el pasado y todo lo que sucedió con anterioridad, allí se quedó, habiendo espacio tan sólo para uno en tu futuro...