viernes, 29 de agosto de 2014

Follémosnos

He aquí mi reflexión: ¿acaso existe algo más excitante que conocernos a nosotros mismos al cien por cien? Personalmente, no lo creo.

Somos seres débiles, indefensos; admitámoslo de una vez por todas. Necesitamos de la presencia, de las palabras, del tacto y de los cinco sentidos de una persona ajena a nosotros que la mitad de las veces ni conocemos de más tiempo que unos simples minutos o un par de horas una noche fría en la que nuestro cuerpo nos traiciona y nos demanda algo de contacto ajeno. Y ya se sobrentiende lo que significa ese contacto ajeno...

Sí, somos unos débiles e indefensos conejillos de indias de este caprichoso y singular estilo de vida en el que nos ha tocado vivir, o en el que nuestra naturaleza humana ha creado para que vivamos.

¿Acaso existe algo más increíble, satisfactorio y beneplácito que sucumbirnos a la más alta exponencia de nuestro propio yo? Sinceramente, no lo creo.
Cuantas veces hemos pensado y sentido que no soportamos a tal persona, que no podemos con tanta hipocresía, que somos unos incomprendidos... Todos esos puntos de vista obtenidos, claro está, desde un punto de referencia: nosotros.
Nosotros que inconscientemente nos idealizamos como nuestro platónico ser al que con él alcanzaríamos el más alto de los éxtasis. Y todo ello se deriva a que nadie nos conoce más que nosotros a nosotros mismos. ¿Por qué? Porque lo único que verdaderamente poseemos en esta vida materialista es nuestra propia vida.
Nosotros y nuestro propio ser, y nuestra mente, y nuestro cuerpo... O todo el templo inerte para lo que algunos somos, o incluso el gran ecosistema lleno de vida que somos para otros.

Nosotros mismos. Que tan complicados somos ya de por sí. Un gran enigma para el cual la vida nos otorga un largo recorrido lleno de pistas y de retos que nos ayudan a descifrarnos tanto por dentro como por fuera.

¿Acaso existe algo más hermoso que amarnos, respetarnos y conocernos a nosotros mismos que somos una única especie, digna de saturar una amplia biblioteca de puro conocimiento mágico? Rotundamente, no lo creo.

martes, 18 de marzo de 2014

Te quiero a ti

A pesar de repetírmelo, siempre suele ocurrir lo mismo... No sé si por miedo a que nunca vendrá o por una absoluta impaciencia. El caso es que volvió a llegar, y pisando fuerte.

Aunque el principio no fue nada nuevo, si no esas impetuosas ganas de conocer a alguien que capta tu atención, vino más tarde ese deseo y necesidad de tenerlo a mi lado. Quizás el motivo de ésta necesidad se viera reforzado por tapar un oscuro y triste hecho del que aún no quiero ser consciente sabiendo que, al faltar él, ese hecho me comería completamente topándome con la realidad. He de decir que aunque haya llegado a su fin, eso no ha sucedido, aunque el deseo y los recuerdos siguen ahí...

Un fin que, a pesar de tener justificación, puede verse fácilmente descolocada por la necesidad física y emocional, que si bien en ese momento no era supuestamente necesaria hace verme ahora que gran parte del problema, también era yo.

Una vez más he de decir adiós a una situación en la que verdaderamente me encontraba complacido, feliz, ilusionado, con ganas de que se prolongara... Pero ésto nunca depende de uno solo, si no de dos personas

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lunes, 3 de marzo de 2014

Viva la vida

¿De qué sirve arrepentirse de los errores del pasado?
De mirar atrás, de planear un futuro incierto, de vivir con miedo...

Nadie sabe lo que vendrá después, lo que nos espera después de que la llama se apague para siempre. Incluso aquellos que viven con una fe ciega, no pueden conocer lo que no se ha dado, si no que solo pueden aliviarse con pensar que existe.

De nada sirve obsesionarnos con lo que es irremediable. Aunque nunca pensamos que nos tocará o que siquiera existe.

Pero, como he dicho, no merece la pena tener en mente lo que nos llegará algún día. Lo que tenemos que tener en mente es la vida misma, en aprovechar cada segundo ya que no se volverán a recuperar.
En amar a todas las personas que han entrado en nuestra vida y forman parte de ella.
Las palabras son algo muy poderoso que no cuesta nada decirlas, asique digamos todos los "te quiero" que podamos, sin miedo a ello, porque no hay nada más bonito que la gente sepa que nos importa y que sentimos que nuestra vida está completa gracias a ellos. El poder de los "te quiero"... cómo se hace de notable cuando nos es increíblemente difícil decirlos a las personas por las que verdaderamente lo sentimos, como nuestra familia. Porque qué bonito es vivir enamorado de la vida, de nuestra familia, de nuestro hogar, de nuestros amigos, de ese alguien especial, de los mejores momentos, de las sonrisas de los demás...
Nada de odio, nada de martirios, nada de arrepentimientos, aprovechemos lo único que nos pertenece y que nos da todo, la misma vida.


martes, 25 de febrero de 2014

Siempre a mi lado

Hubo una vez una feliz pareja que vivían el día a día compartiendo el amor que ambos sentían el uno por el otro. Un amor que desde que nació, no hizo otra cosa que ser más intenso cada día.
Había días en los que no podían pasar el tiempo juntos, y esos momentos eran insoportables para ambos, puesto que lo que más deseaban era volver a encontrarse para llenar ese vacío que sentían al ver que no tenían a esa persona tan especial a su lado.

Conforme avanzaron los años, descubrieron que estaban echos el uno para el otro. Se casaron, y fue ahí donde descubrieron que el amor de su vida era la persona que tenían enfrente.
Un día, ella fue diagnosticada de una enfermedad incurable que acabaría con ella en un pequeño plazo de tiempo. Él, desolado, pensó que lo mejor era seguir viviendo cómo hasta ahora habían echo, colmándose de su interminable amor, sin pensar en que ese día podría llegar.

Pero el día finalmente llegó, y su esposa, que había sido el centro de su vida, desapareció para siempre.
Fue increíblemente duro para él ver el hogar antes tan iluminado por la luz que ella desprendía sumido en las tinieblas de su profunda amargura. Entonces recordó esos momentos de cariño, de felicidad junto a ella. De esa lágrima que a ella se le escapó cuando le pidió matrimonio. De esas largas mañanas en la cama despiertos, mirándose a los ojos el uno al otro sin decir nada, pero diciéndolo todo. Y también de lo insufrible que se hacía cuando no estaban juntos, pero sabiendo que estaban presentes en la mente y el corazón del otro.
Ésto último hizo que él levantara la cabeza desde el lado del sofá donde ella siempre solía acurrucarse cuando veían películas y ella siempre se quedaba dormida. Se percató de que ella aún existía, ya que lo que no existe no se puede sentir. 
A pesar de ser un fiel católico, las semanas después de su muerte dejó de acudir a misa. Se le hacía imposible pensar que su amada esposa estuviera en el cielo, lejos de él.
Pensó que, a lo mejor, su espíritu se encontraba en la casa y pensó que nunca la abandonaría. Pero al cabo de los días, se dio cuenta de que ésto no era así.

Uno de los tantos días por la mañana en los que para él era imposible levantarse por ver el otro extremos de la cama vacío, y no esos inmensos y profundos ojos verdes, desayunó sin apetito alguno en la mesa en la que estaba el clavel que su mujer dejó con una gran sonrisa días antes de su muerte. "Siempre viene bien tener flores, alegran la vida" dijo ella. Éste se encontraba prácticamente en sus últimas, debido a que el jarrón apenas tenía agua. Decidió rellenarlo. Se volvió a sentar frente a él y todos sus sentimientos explotaron, desahogándose con el clavel como si de su esposa se tratase.
Tres días después, volvió a ocupar la misma mesa, con la misma tristeza de todas las mañanas, pero algo había cambiado. El clavel se encontraba más vivo que nunca, lo que le hizo pensar que su mujer había encontrado la forma de seguir a su lado. "Es ella, lo sé, cariño sé que eres tú, esto es una señal, sabía que no me habías abandonado" dijo él.

Y, desde entonces, se dedicó noche y día a cuidarlo, a mimarlo, a hablarle y contarle todo lo que le sucedía. 
Pero lo que él no sabía es que ella aún se encontraba viva. Y no en ese clavel, si no en su corazón. Que jamás iba a abandonarlo porque permanecía ahí, dentro de sus sentimientos que seguían igual de vivos que el primer día.

Y es que, cuando alguien que amamos se va, nos deja viviendo en una vida en la que no tenemos a su parte terrenal entre nosotros. Es su espíritu, sus recuerdos, nuestros sentimientos... toda esa parte sigue viva en nosotros y en el resto de personas, por lo que no nos ha abandonado y sigue viviendo con nosotros, como si fuera una etapa en la que estemos viviendo separados de ella. Aunque nunca podremos volver a tener su cálido tacto, o volver a ver su brillante sonrisa, o escuchar esas dulces palabras llenas de amor y pureza...


miércoles, 15 de enero de 2014

Un cúmulo de cosas

Pasar de estar completamente feliz a notar como todo se te viene encima.
Es increíble como en un segundo puedes estar viviendo de manera que veas todo maravilloso a que la mínima cosa que te ocurra se te haga todo un mundo cuando, en realidad, lo estás viendo de una manera totalmente diferente a como es.

A pesar de ciertos temas, el año empieza bastante bien, como si todo lo que hubiera pasado recientemente se quedara en un oscuro y muy lejano momento del pasado... como si prácticamente nunca hubiera ocurrido.
El caso es que, a pesar de ésta hipócrita felicidad, los momentos de hundirse en uno mismo siempre surgen y tienden a aparecer por sorpresa. Tengo bastantes motivos por los que estar feliz a pesar de todo, pero ese oscuro hecho del pasado hace que, en los momentos de tristeza ésta sea de un nivel mucho más intensa. Es agobiarte por un echo en el que se sabe que no se va a tener éxito por la poca dedicación que uno ha tenido y a partir de ahí se desarrolla todo.

Preocuparse por cómo estarán ellos, porque aunque parezca que son fuertes, que lo pasado pasado está y que hay que convivir con ello, en el fondo están destrozados por haber perdido a su estrella que más brillaba.
No sólo les ha acarreado tristeza, si no el penar por una de las tres cosas más importantes que hay en la vida y yo contribuyo a hundir aún más el dedo en la llaga con mi pasotismo y dejadez inmadura.

Preocuparse también por un tema del que se ansia que salga todo tan maravilloso y tan perfecto que puede dar lugar a forzarlo de tal manera que sea totalmente perjudicial y el resultado sea todo lo contrario. 

Pero en el fondo de todo ésto, se cuál es la solución. La solución es vivir el momento, dejarse llevar lo máximo posible y no pensar tanto las cosas a no ser que éstas requieran de ello. Disfrutar el momento y ser responsable de lo que uno ha de hacer. Y aunque sepa cuál es la solución... luego otra historia totalmente distinta es aplicarla, aunque esté grabada a tinta bajo mi piel.